Séptima parada: Isola Tiberina

La isla Tiberina se encuentra ubicada en el río Tíber, en el trecho en que éste atraviesa Roma. Posee una forma similar a la de una barca, y cuenta con algo más de 270 m de largo y cerca de 67 de en su parte más ancha. A la isla se puede acceder por los antiguos Puente Fabricio y Puente Cestio. El Puente Cestio, que une la isla al barrio judío, es un puente romano perfectamente conservado que despuès del Puente Milvio es el más antiguo de Roma fundado en el 62 a.C. Debido a sus oscuros orígenes, la isla Tiberina era un lugar de mala fama y estaba considerada por los romanos como un lugar de malos augurios. A tal punto estaba arraigada esta creencia, que hasta que no se construyó el Templo de Esculapio, los romanos evitaban ir a la isla, y sólo los peores criminales eran condenados a pasar allí el resto de sus vidas. Se cuenta que en el 293 a. C., la peste azotó Roma. Después de haber consultado los Libros Sibelinos, el Senado romano decidió construir un templo dedicado a Esculapio (el dios griego de la medicina). Todavía se pueden ver algunos restos de los muros en la parte oriental, y parte del obelisco que ahí estaba. El templo construido hacia el 293 a.C. fue concedido su uso al Hospital Israelí, que todavía lo continúa utilizando. La parte alta de la isla alberga ahora el Hospital de San Juan de Dios, un centro médico de renombre en la ciudad de Roma.

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